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LA ENERGÍA DE BORIS GILTBURG
Emiliano Allende
El Norte de Castilla, 26 de abril de 2003
Crítica de Música.
         Por segunda vez volvimos a escuchar a la Orquesta Sinfónica de Asturias, esta vez con una acústica más generosa, en el Festival Internacional de Música de Castilla y León. La orquesta mostró unas hechuras distintas a las del concierto anterior. Aunque no fue el Don Juan de Strauss la mejor muestra de ello. La obra, fruto del impulso joven del autor, se convierte desde los primeros compases en gesto sonoro lleno de pasión, poniendo en serias dificultades a la orquesta, que necesita de gran homogeneidad para transmitir con sensibilidad y energía el carácter de la pieza. Sonó mucho mejor el Concierto nº 3 de Bartók, en la manos del pianista Boris Giltburg, que supo darle a cada tiempo una lectura adecuada, brillando en los pasajes más intensos.
         En el segundo movimiento la cuerda marcó desde el el principio la gravedad con sensibilidad, aunque el diálogo con el solista no alcanzó toda la expresividad requerida en el piano que, sin embargo, remontó el vuelo en el tiempo final con una fuerza impresionante. Los motivos sincopados no fueron obstáculo para ejecutar de manera prodigiosa los arpegios encadenados, que sonaron con absoluta nitidez. El joven pianista rubricó su actuación con una original versión del Estudio en mi mayor de Chopin.
         Siempre despiertan interés las sinfonías de Beethoven. Tan escuchadas y a la vez tan propicias para ser recreadas. En esta ocasión fue la séptima, verdadera expresión de júbilo que transmite el alma del autor. Bien el primer movimiento, al allegretto le faltó serenidad, mientras que el enérgico final fue devastador.
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UN JOVEN TALENTO
Agustín Achúcarro
El Mundo, 30 de abril de 2003
Crítica de Música.
         Comenzó el Festival de Música de Castilla y León que organiza la Asociación Cultural Salzburgo y habrá que retener un nombre, el del pianista Boris Giltburg. Uno más de los jóvenes talentos que surgen en torno a este instrumento tiránico a sus intérpretes.
         De momento Giltburg supo comunicar la combinación de energía y lirismo del Concierto para piano y orquesta nº 3, Sz 119 de Bartók, volcarse en sus pasajes ostinati, en la pujanza de sus acordes percutidos, en el ritmo irregular y en ese toque delicado que surge inmediato tras una cascada de timbres acerados y algo agrios. Una obra que no concluyó Bartók, debido a su fallecimiento, que orquestó sus últimos compases Tibor Serly y que resulta más mesurada en sus planteamientos que los dos conciertos anteriores.
         Impresionante forma de abordar el Adagio religioso, que Giltburg presentó primero de uan forma serena, dando espacio a los silencios, y luego imprimiendo una energía nerviosa a la vez que xintenida. La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias dirigida por Maximiano Valdés puso el criterio suficiente para colaborar con el pianista son que eso condicionara su interpretación
         Antes, la orquesta tocó el poema sinfónico Don Juan, Op. 20 de Richard Strauss en la que los temas relacionados con el protagonista se mantienen durante toda la obra. Un Don Juan basado en el poema de Nicolaus Lenau que se enfrenta a la búsqueda sensual de la mujer perfecta y cuya vida la llevará a la muerte ante el hastío. La Sinfónica del Principado tocó esta obra con corrección, buscando la mayor expresividad. Siempre se puede acentuar más el valor de los distintos temas que describen a Don Juan o los variados climas de amor, deseo o dolor.
        Terminó el concierto con la interpretación de la Sinfonía nº 7 de Beethoven, que tuvo como virtud descollante el mantenimiento constante de un pulso vivo. Más allá de esto, los máximos logros se dieron en el primer movimiento con una sonoridad cambiante; algo enfático resultó la manera de abordar el allegretto, que dejó entrever su forma de canción, y muy centrado en el ritmo el movimiento final, lo que provocó que quedara algo vacío de contenidos, imponiéndose cierto apresuramiento.
        Un concierto tras el que llegará hoy la gran soprano Eva Marton, en el que se pudo escuchar a un joven músico llamado Boris Giltburg.
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CUANDO LA LLUVIA SUENA A BARTÓK
Agustín Achúcarro
mundoclasico.com, 28 de abril de 2003
Crítica de Música.
         Se abrió el II Festival Internacional de Música de Castilla y León, organizado por la Asociación Cultural Salzburgo, con un concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y el pianista Boris Giltburg, galardonado el año pasado con el segundo premio del Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O´Shea. La primera parte principió con el poema sinfónico Don Juan de Richard Strauss en el que la orquesta, guiada por la batuta de Maximiano Valdés, se empleó en dar una versión solemnizada, que no llegó a alcanzar la salvación pero que tampoco quedó en la condena del personaje que trataba de translucir. Algo ralentizada en ciertos pasajes y no siempre precisa en los momentos de mayor carga orquestal, ofreció lo mejor en el arranque de fuerza que se precipita hacia el pausado final.
         El Concierto para piano y orquesta nº 3 de Bártok sirvió para evidenciar el buen hacer del joven interprete solista quien, con esta misma pieza, alcanzó el Premio del Público Sony en Santander. Brindó una versión cargada de fuerza, incluso impulsiva en ocasiones, sorprendentemente centrada en otras. En el Adagio religioso el coherente inicio de la orquesta quedó después un tanto callado ante el delicado papel del piano, que apenas dejaba llover la melodía en un ejemplo de expresividad, para desbordarse después sobre el rumor de la cuerda. El último movimiento del concierto llevó a una exhibición frenética, pero a la par preocupada por lo descriptivo, del instrumento solista que secundó proporcionadamente la orquesta. Ante la entusiasmada respuesta del público asistente, Giltburg expuso de nuevo sus habilidades con la impecable interpretación de un Estudio de Chopin.
         La segunda parte la ocupó la Séptima sinfonía de Beethoven, que recibió un trato correcto en los tres primeros movimientos y un tanto heterodoxo en el último. El primero de ellos evidenció un tratamiento minucioso, porfiado en el relato de detalles, por parte de todo el conjunto orquestal. Estuvo más que correcta la plasmación del crecimiento inicial de la melodía en el Allegretto y apropiado el planteamiento del resto del movimiento. No tan fluido fue el Presto, que quedó ralentizado en ocasiones, para pasar a una mejor exposición del vivaz scherzo. El Allegro con brio final adoleció de un obstinado y raudo ritmo latente que no dejó concesión alguna a las inflexiones de la partitura. Con todo, se cerró la primera de las entregas del Festival que, con una interesante propuesta musical y de intérpretes, alterna conciertos en la capital castellana y leonesa con otros en Madrid.
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