| El Mundo | El Norte de Castilla | inicio | |
| ¡PIAZZOLA! | |
|
|
|
Concluyó el I Festival Internacional de Música de Castilla y León con una soberbia interpretación de las
Cuatro Estaciones Porteñas de Astor Piazzola a cargo de los Solistas del Covent Garden. Antes tocaron Las
Cuatro Estaciones de Vivaldi en una versión a la mayor gloria del violín solista. Sentido del ritmo y eclosión continua de la música a contratiempo en las
Cuatro Estaciones Porteñas, creadas en torno a 1970, que tocaron en la versión original para quinteto, formado por bandoneón, violín, contrabajo, piano y guitarra eléctrica.
Obra de plenitud, que dibuja en los sonidos del tango el paisaje urbano de la gran ciudad argentina, el germen de la música europea y el aliento del jazz. Obra plagada de contrastes, con un continuo cambio de dinámicas, en las que los pasajes sincopados son referencia. Difícil destacar la labor de alguno de los intérpretes, aunque es ineludible reseñar la forma de tocar el bandoneón de Enrique Tellería, como si todo fluyera de lo más hondo del espíritu, y sentimientos como la melancolía, la delicadeza o la rudeza del carácter estuvieran prendidas de las teclas de su bandoneón. Versión espléndida en el Otoño porteño y sus pasajes percutidos del piano, en el frotado áspero de las cuerdas, en los sonidos ostinati, en el guiño vivaldiano del invierno, en el fugado de la Primavera, o en el glissandi final del piano. Relaciones fructíferas entre el bandoneón y los otros instrumentos, aquí sí estuvo magnífico el violinista Vassilev, en una obra capaz de pasar de golpe de la pura energía rítmica a la melodía más íntima. Precedió a la partitura de Piazzola Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. No se puede negar la calidad de los instrumentistas, pero sus planteamientos no fueron mucho más allá de un ejercicio de virtuosismo al servicio del violín solista. Estuvo descompensada su relación con la escasa orquesta; dos violines, un viola, un chelo, un contrabajo y un inapropiado clave electrónico -clavinova-, en vez de un instrumento original. Versión sometida a continuas ralentizaciones en los tiempos lentos para potenciar las desmesuras del violín y con permanentes desequilibrios que desvirtuaron el diálogo y los contrastes entre el solista y el resto. Un concierto marcado por la interpretación de la obra de Piazzola, del que fuera de programa interpretaron Milonga de la serie El Angel. | |
| El Mundo | El Norte de Castilla | inicio | |
| PIAZZOLA, VIOLENCIA Y TERNURA | |
|
|
|
De nuevo Vivaldi y sus estaciones. Cuatro frescos pintados tan sólo con los medios musicales del barroco. Es aquí donde la obra se hace grande, asentada en la capacidad que tuvo su autor para expresar y describir emociones y paisajes, con un aprovechamiento total de estos recursos. Si hace una semana I Musici nos acercó a la versión barroca, justa y casi siempre medida, ayer los solistas del Covent Garden, comandados de verdad por su solista, ofrecieron una versión cercana a los ideales románticos. Contrastes exagerados en velocidad y dinámica. Búsqueda continua de expresión a través de ataques que proporcionaron un extenso muestrario de sonoridades del violín principal que en muchos momentos
exhibió el más puro estilo a la zíngara. La obra no necesita ser abordada desde esta estética. Pero lo cierto es que las grandes obras lo son también porque son susceptibles de ser recreadas continuamente cuando caen en manos de artistas como Vasko Vassilev.
Sin embargo, la joya del concierto y probablemente de este ciclo estuvo en la interpretación de las Estaciones de Astor Piazzola. Estas sí fueron atacadas con la estética y formación originales. Piazzola concilia en su música sensaciones y matemática, ambas reflejadas en un microcosmos donde las progresiones frenéticas transportan pasión contenida que se libera a través de las serenas intervenciones de los solistas. A la inspiración del violinista se unió la del excelente bandoneonista Enrique Tellería. Ambos transmitieron, no sólo el estilo Piazzola que en algunos momentos de estas piezas alcanza la cumbre, sino también el alma herida de un pueblo que se refleja en este difícil equilibrio que encauza la identidad del tango. | |
|
El Mundo
|
El Norte de Castilla
|
inicio
|