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| CINCUENTA AÑOS DE MUSICA DE CAMARA | |
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Para poder hacer un análisis del concierto ofrecido por I Musici hay que tener en cuenta que es grupo de cámara que se mantiene fiel a una serie de postulados interpretativos, en los que el cuidado de la emisión del sonido prima por encima de otros conceptos, como ritmo o dinámicas. Tampoco se debe obviar que se han producido grandes cambios en las teorías musicológicas sobre la interpretación de las obras del periodo barroco. I Musici consiguió sus mejores momentos en la que ha sido uno de sus grandes caballos de batalla, o sea Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Esos conciertos que el cura pelirrojo compusiera siguiendo la forma tripartita, de carácter descriptivo y en los que incluyera sonidos onomatopéyicos de cantos de pájaros y ruidos de tormentas. Con Mariana Sirbu y su violín Stradivarius a la cabeza expusieron la grandeza de la obra, que hallaron en la vivacidad de sus tiempos Allegri, y en el tratamiento dado a los pasajes de mayor lirismo y melodída. La violín solista dio una suprema lección de equilibrio entre fondo y forma. Hubo momentos en los que el pulso pudo venirse ligeramente abajo, como en El Otoño, pero lo superaron en base al conocimiento que poseen de la obra. La calidad interpretativa quedó plasmada en detalles como los efectos conseguidos por la solista, la relación de ésta con el violonchelo en el 'allegro' de La Primavera, la seducción del sonido tenido del adagio de El Verano, la sorprendente intensidad del violín solista al comienzo de El Invierno, o el dúctil fraseo general alcanzado en su movimiento lento. Antes de Las Cuatro Estaciones interpretaron otras tres obras. En el Concierto armónico nº 4 en fa menor de Giovanni Battista Pergolesi destacó el ímpetu con el que abordaron el final de la obra, en la que se produjeron ciertos desajustes entre cuerdas graves y agudas. Tocaron el Concierto en re menor para violín de Tartini con texturas densas. El violín solista se enfrentó a una parte llena de virtuosismo en' la que tuvo ciertos problemas de afinación. En el Concierto en re menor para viola d'amore de Vivaldi se pudo constatar la peculiar sonoridad de este instrumento. Los integrantes de I Musici, y en particular Mariana Sirbu, recibieron muchos aplausos. Concluyeron su actuación interpretando fuera de programa una obra de Vivaldi. | |
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| I MUSICI Y SUS ESTACIONES | |
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El nombre de I Musici es siempre un reclamo en toda programación. Aunque faltan los principales componentes de su legendaria formación, los actuales siguen conservando el estilo que les hizo famosos. Otra cosa es la calidad de las interpretaciones que en este concierto no alcanzó la plenitud hasta la segunda parte. Antes en la primera, en su recorrido por los compositores del barroco italiano hubo momentos irregulares en el concierto para violín de Tartini y otros brillantes en el concierto para viola d´amore de Vivaldi, instrumento de afinación difícil y del que Massimo Paris extrajo muy buen sonido, expresando con profundidad en el tema
cantabile. La segunda parte fue con diferencia lo mejor. Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, la obra más famosa de la Historia de la Música, va indisolublemente unida a esta formación y se muestra siempre dispuesta a ser recreada en cada interpretación. Y eso fue lo que I Musici aportó a cada uno de los cuatro conciertos que la componen. Hubo en todos ellos dos conceptos perfectamente delimitados, de una parte los pasajes en los que todo el conjunto se une para ofrecer la versión que todos guardamos en nuestra memoria, y de otra aquellos en los que la solista Mariana Sirbu hizo su versión expresando con libertad rítmica , buscando sonoridades, apoyándose en sutiles cambios de la acentuación y jugando con el contrapunto del violonchelo. Hubo momentos muy originales a lo largo de la obra, vertidos principalmente en los tiempos lentos. En el largo de La Primavera se dio énfasis a las dos notas que dan el carácter del tiempo, que sonaron por encima del grupo, en las violas. En el adagio de El Verano, la solista desafiando la medida tocó con gran contenido expresivo y afinación. En el adagio de El Otoño fue el clave quien emergiendo de su anonimato se fundió en la búsqueda de sonidos nuevos con el conjunto rematando con un final exquisito en pianissimo. El público aplaudió con ganas y los músicos dedicaron fuera de programa otra pieza de Vivaldi cerrando el concierto con gran brillantez. | |
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