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| LA FUERZA DE LA TRADICION | |
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Gira de los Niños Cantores de Viena con parada en Valladolid. Mito y tradición. Lo que es y lo que representa esta escolanía. La belleza de unas voces en período de desarrollo, en el filo de lo imposible, sonidos agudos, transparentes, dúctiles... Un éxito de público, que llenó prácticarnente el salón de Congresos de la Feria de Muestras. Aplausos continuados, que aumentaron notablemente en la tanda de propinas, hasta cuatro, allí donde cantaron obras como Clavelitos o El bello Danubio azul.
El concierto comenzó con música sacra, obras de Heinrich Schütz y Hans Leo Hassler, mejor interpretada la segunda a capella que la primera con piano. Inicio marcado por cierto desequilibrio y pasajes algo tirantes y calantes. Tensión a la que contribuyó el pianista director Martin Schebesta con versiones tendentes al trazo grueso y con un excesivo empleo del "stacatto". Abusó del "accelerando", aún considerando que lo hiciera en favor del fiato de los Niños Cantores. En Anima nostra de Michael Haydn dominaron los tintes aterciopelados de las voces. Sonidos timbrados, delicados en Messe basse de Fauré, revelada en toda su intimidad sonora. Arrojo y entrega de los Niños Cantores que les llevó a minimizar los problemas interpretativos y vocales que se presentaron durante el concierto. Una muy bien cantada canción de Kodály y la forma de abordar las obras del londinense Gustav HoIst, llenas de espontánea naturalidad, pudieron ser lo más destacado de la primera parte. Tras el intermedio el Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi, mejor en las voces que en la dirección. Canto de la soprano y la mezzo encomendada a las voces solistas de los Niños Cantores de Viena; voz aguda, pequeña y dúctil y voz grave, de centro lleno de esmalte, pero de emisión algo velada, síntomas de una afonía posiblemente producida por un incipiente catarro, problemas que también surgieron en la obra de Mozart cantada con anterioridad. Delicadeza en la expresión en el inicio del Stabat Mater. Números resueltos con mayor dificultad unos que otros, en los que surgió en muchos momentos el estilo, el fraseo, el lirismo delicadamente doloroso de la obra de Pergolesi. Un concierto que no defraudó las expectativas de un público fiel, que resultó desigual en sus logros, destacando la musicalidad y el encanto de los intérpretes, aunque no alcanzaran siempre el nivel musical más preciso. Objetivos interpretativos a los que no contribuyó para nada la labor algo embarullada de Martin Schebesta. | |
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