El Norte    |    El Mundo    |    ABC    |    El Correo de Burgos    |    inicio
LECCION DE TECNICA VOCAL
Emiliano Allende,
El Norte de Castilla, 21 de diciembre de 2001
Crítica de Música.
        La espera mereció la pena. Teresa Berganza y su hija Cecilia Lavilla cerraron brillantemente el año de la Salzburgo, con un programa variado apto para el lucimiento a dúo, dejando momentos para los solos que alternaron ambas cantantes. El riguroso orden cronológico de las obras, habla del esmero en cada detalle de un programa que comenzó con Monteverdi. Tanto en 'Ardo e escorpir' como en 'Baci cari' se apreció un dúo concertante y afinado con vibrato exacto y empastado. En el 'Addio Corindo de Cesti', la excelente técnica vocal de Lavilla, le hizo obtener muy buenos registros rematados en un brillante final. La virtud de la conjunción presidió los dúos de Paisiello y Haydn. Después Berganza dictó la primera lección de rotundo fraseo en el aria de 'Giannina' de Haydn, apoyada en un timbre sólido, excelentemente proyectado. Más irregular resultó el aria de 'Idomeneo' de Mozart con el que terminó la primera parte.
        En la segunda, la riqueza expresiva de las obras hizo subir el nivel con los dos 'lieder' de Mendelssohn y con los maravillosos cantos dobles de 'Moravia' de Dvořák, inspiración melódica en el primero, pleno de fuerza y matices rítmicos el segundo, delicado el tercero y lleno de contrastes el último. En Donizzeti brilló el pianista álvarez Parejo, con precisión y dominio dinámico en el acompañamiento. A medida que el final se acercaba, llegaban las obras preferidas del público. Cecilia brilló en la 'Canción andaluza' del dúo de 'La africana' y Teresa con el 'Tango de la Menegilda' de Chueca, dejando para el final la habanera de 'Don Gil de Alcalá' de Penella. En los bises, la barcarola de los cuentos de Hoffman y el dúo bufo de los gatos de Rossini.
El Norte    |    El Mundo    |    ABC    |    El Correo de Burgos    |    inicio
LA LEY DEL CANTO
Agustín Achúcarro
El Mundo de Valladolid, 19 de diciembre de 2001
Crítica de Música.
        Teresa Berganza y Cecilia Lavilla, mezzo y soprano, alcanzaron sus mejores momentos en los dúos de Mendelssohn, Dvořák y Donizetti. Con estas obras dejaron constancia de la inmensa sabiduría artística de la mezzo y de la capacidad de adcuación estilística de la soprano.
        Mendelssohn cantado con una perfecta simbiosis de las voces, lleno de delicados matices. Dvořák y sus Cantos Moravios presentados con profunda musicalidad y un sentido del ritmo muy plástico; admirable el canto declamado y la relación de las voces con el piano en Verde, verde. Donizetti captado y ofrecido en esa su dominadora melodía, tanto en L'Incostanza d'Irene como en el extrovertido I Bebitori.
        Tras los dúos, el Addio de Rossini, versión de Teresa Berganza que acentuó sus matices más nostálgicos, con ese saber decir en el que la mezzo domina cada acento y el sentido de la sfumature. Terminaron el recital con una encantadora versión de la habanera de Don Gil de Alcalá.
        Antes interpretaron obras de Monteverdi, Haendel, Cesti, Paisiello, Haydn y Mozart. En todas salió a relucir en mayor o menor medida, aparte de las posibles debilidades, el talento interpretativo de Berganza y la depurada técnica de Lavilla.
        La mezzo puso gusto y dicción correcta y salvó como pudo los momento de compromiso, allí donde a la voz se le exige más pujanza, surgen las dificultades, como en el aria de Giuglio Cesare, o en el dúo de La Clemenza di Tito.
        Siempre mejor cuando recurrió a las medias voces, a ese fraseo que da sentido a cada palabra, características sobre las que con inteligencia apoya sus interpretaciones la mezzo. Estuvo con la gracia habitual en el Tango de la Menegilda, aunque resultara algo tirante en algún pasaje.
        Cecilia Lavilla ofreció una voz técnicamente muy trabajada, al servicio de un instrumento que a veces resultó algo estático. Estuvo modélica en el aria de Illia de Idomeneo.
        El pianista Juan Antonio Alvarez Parejo colaboró muy activamente, con un dominio absoluto del piano, sabiendo hacer en cada momento lo que más convenía a las voces.
        Un concierto en el que destacaron la interpretación de los dúos ya señalados, que fueron los momentos en donde se reveló intensamente ese sello Berganza, que la hiciera internacionalmente famosa, y en donde se mostró más versátil la soprano Cecilia Lavilla.
        Fuera de programa del concierto organizado por la Asociación Salzburgo interpretaron dos dúos: La Barcarola de Los Cuentos de Hoffmann de Offenbach y el Dúo de los gatos de Rossini.
El Norte    |    El Mundo    |    ABC    |    El Correo de Burgos    |    inicio
AL FIN TERESA BERGANZA
Mar Sancho,
ABC, 19 de diciembre de 2001
Crítica de Música.
        Finalmente se celebró la actuación que Teresa Berganza tenía programada con la Asociación Cultural Salzburgo dentro del ciclo "Grandes Conciertos" y que se había tenido que suspender por dos veces debido a la enfermedad que ha afectado a la cantante durante los últimos ocho meses llevándola a cancelar todos sus compromisos.
        Pero a pesar de ello, Berganza apareció en Valladolid exultante y llena de energía. Lo hizo en compañía de su hija, la soprano Cecilia Lavilla, para ofrecer un variado programa de dúos y arias que fue avanzando en el tiempo a medida que progresaba el concierto, partiendo del Renacimiento de Monteverdi y el Barroco de Haendel, Paisiello, Mozart... para seguir con Mendelssohn, Rossini y Donizetti hasta los cantos nacionalistas de Dvořák o el repertorio español de Fernández Caballero, Chueca, Joaquín Valverde o Manuel Penella.
        Esta combinación de autores y épocas, lo original de los dúos interpretados y la calidad de las voces, fantástica aún la de Berganza, consiguió paulatinamente caldear la fría tarde vallisoletana.
        La llegada de las primeras arias ofreció a Berganza la posibilidad de, mucho más suelta, exhibir esa voz rotunda y tan expresiva que la caracteriza. Lavilla, a su vez, mostró en solitario una buena técnica con el aria de Marco Antonio Cesti. En alternancia siguieron los deliciosos dúos de Paisiello y Haydn, el aria de los celos de Haydn en la que la académica de Bellas Artes estuvo graciosamente comunicativa y la célebre aria de "Ilia" de Idomeneo de Mozart interpretada por la hija.
        La segunda parte ofreció momentos fascinantes gracias a los duetos de Mendelssohn, los encantadores y encendidos "Cantos Dobles de Moravia" de Dvořák o las ágiles obras de Donizetti. La última ronda de arias animó al público asistente, sobre todo con el conocido "Tango de la Menegilda" de "La Gran Vía", donde la mezzosoprano madrileña hechizó con su estilo palpitante.
        Al finalizar, los aplausos del público arrancaron la conocida Barcarole de "Los Cuentos de Hoffman" de Offenbach y el "Duetto buffo di due gatti" de Rossini. El poderoso "estilo Berganza" persiste.
El Norte    |    El Mundo    |    ABC    |    El Correo de Burgos    |    inicio
ADDIO SIGNORA
Ignacio Fernández de Mata
El Correo de Burgos, 19 de diciembre de 2001
Crítica de Música.
        En cumplimiento de un compromiso pospuesto durante casi un año, Teresa Berganza, la ya mítica mezzosoprano madrileña, ofreció en Valladolid un gelifractado, un hermoso recital lleno de primor y entrega, en el que la diva quiso darlo todo, no sólo en justa reparación a un público que tan fielmente la había esperado, también por actuar como gran anfitriona de quien la acompañaba en el escenario, su hija la soprano Cecilia Lavilla.
        Con una ya habitual disposición de piezas y autores -que son mucho más que cronología, pues a la vez que facilitan el temple del instumento, contribuyen a mostrar su desarrollo musical-, el recital comenzó con dos dúos de Claudio Monteverdi, Ardo e scoprir y Baci cari, que con sus modulaciones y pianos dieron paso a la primera joya de la noche, cuando Berganza, transmutada en Cleopatra, entonó con profunda elegancia y delicadeza el hermoso lamento Piangeò la sorte mia, aria de la ópera haendeliana Julio César, basada en el libreto de Nicola Francesco Haym.
        Cecilia Lavilla tiene la inmensa fortuna de un gran problema: formarse, cantar y compartir tablas con Teresa Berganza supone un lujo para cualquier cantante, el problema es la inevitable comparación. Voz, técnica y recursos no pueden ser equiparables. Lavilla tiene la ventaja de su edad, una voz flexible, con buena altura, mas carece de algunas de las características de su madre: su delicado fraseo, su modulación y cromatismo, su expresividad. Una voz más propia de acrobacias belcantistas que cautivadora; capaz de resolver dificultades notables como las que figuran en el aria de Ilia -escena II del segundo acto de Idomeneo, Re di Creta, de Mozart-, con un toque de nasalidad y cierta pérdida de brillo en los altos -caso del aria Il mio ben, de Gaetano Donizetti-, llegando a resultar un buen acompañamiento para su madre -dúo Saper vorrei se m'ami, de Haydn, los hermosos lieder de Mendelssohn Abschiedlied der Zugvögel y Grüss, o de los fascinantes Cantos dobles de Moravia, de Dvořák-.
        Sin lugar a dudas, otro de los momentos sobresalientes de la velada fue el Adiós de Rossini, esa pieza compuesta para despedirse de un público -el vienés- tan entregado al compositor como lo estuvimos los presentes a la mezzosoprano que tanto hizo en los inicios de su carera por recuperar de su relativo olvido a este gran italiano. El sentimiento, la verdad que había en su canto, sobrecogieron a todos, como si en todo aquello se escondiera un oculto sentido.
        Y ya en la recta final del concierto otra expresión de color y viveza de una Teresa Berganza desbordante en simpatía con el Tango de la Menegilda, de La Gran Vía, de Chueca y Valverde, imponente interpretación, de máxima audibilidad en el fraseo, graciosa y llena de arte, que puso la sonrisa en boca de todos.
        También Cecilia concluyó con repertorio español: la Canción andaluza de El Dúo de La Africana, de Manuel Fernández Caballero, y la habanera de Don Gil de Alcalá, de Manuel Penella, aunque con el problema de inarticulación antes mencionado.
        Fuera de programa la Barcarola de Los Cuentos de Hoffmann, de Offenbach, y el Dúo bufo de dos gatos, de Rossini, cerraron una bonita actuación en la que Juan Antonio Alvarez Parejo estuvo en todo momento soberbio al piano.
El Norte    |    El Mundo    |    ABC    |    El Correo de Burgos    |    inicio