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| ENERGIA CINETICA | |
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Se achaca a las nuevas generaciones de pianistas que frente a una mecánica
ejemplar tienden a sonar como máquinas hechas en la misma cadena de
montaje. Precisamente Stefan Vladar es lo contrario de todo esto, un
soberbio artista que tiene por cualidad infrecuente el ofrecer
interpretaciones que se salen de los clichés marcados.
Vladar impresionó por sus versiones de las obras de Beethoven y Schumann, sin dejar caer en saco roto su luminosa visión del Andante con variaciones de Haydn, tocado con una expresión nítida, que fue transformando lo frágil en un sonido cada vez más consistente. La Sonata nº 3 Appassionata fue atacada por Vladar con crudeza, con sonidos áridos, desnudos en su energía; descripción clara de un Beethoven doloroso y convulso. Impetu hasta el paroxismo, que no cesó de crecer, algo que pudo parecer excesivo para algún oyente, presentar aristas, pero que resultó en su concepción de una rotundidad aplastante. Hubo tiempo también para las sonoridades íntimas, en el andante, que estuvo marcado por una delicada expresión, que no dejó de tener, eso sí, una tensión creciente hasta los arpegios que abren la puerta al último movimiento de la sonata, al Beethoven más dramático. Empuje en los acordes tocados con todo el cuerpo por Vladar, camino que condujo al espectador a un ámbito de agitación continua. Sonido staccato, energía creciente, que salía de las manos del pianista y que parecía no tener fin. En los Estudios sinfónicos de Schumann, Vladar fue directo al alma misma de la obra de un compositor que escribió: «Si el público no desea ser sorprendido continuamente no podrá disfrutar de mi música, que cambia de humor constantemente». De la reflexiva exposición del tema a la incisiva lectura de la mano izquierda sobre el grave, a la búsqueda obsesiva del registro central del piano, el más próximo a la voz. Sonidos que llegan en cascada, arpegios veloces como ráfagas,de luz. Momentos que dejan una mirada hacia el pasado, recuerdos barrocos en la Variación VII, para retornar a la escritura llena de efusión, que acabará estallando en el poderoso Finale. Un espléndido Stefan Vadar, que terminó el recital tocando fuera de programa un Impromtu de Schubert y la Paráfrasis sobre Rigoletto de Liszt. La Salzburgo se apuntó un nuevo éxito musical, les queda la compleja y necesaria tarea de lograr mayor presencia de público para que se cierre el círculo y sean muchos más los que puedan disfrutar de conciertos como éste. | |
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| FUERZA ORIGINAL | |
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La Asociación Salzburgo,
acertó de pleno con el concierto de Stefan Vladar. Este representante de la
joven generación austríaca, no es un artista al uso revestido del frac, ni
ofrece versiones clásicas de las obras. Pronto comprendemos porque es habitual
en los más prestigiosos festivales del mundo. Todas sus versiones están
invadidas de fuerza y originalidad desbordante.
Comenzó Vladar con el Andante con variaciones en fa menor de Haydn. La obra estuvo presidida por la delicadeza, pulsación homogénea y sonoridad contenida. El equilibrio armónico impreso en la partitura fue dictado con pulcritud y precisión. Fue en la versión de la Appassionata de Beethoven donde Vladar afirmó su categoría. Tomó riesgos y falló notas, pero obtuvo una versión poderosa y original. Decía Beethoven que si queríamos saber de su obra leyéramos La Tempestad de Shakespeare, uno añadiría que escucháramos a Vladar. Partiendo de un comienzo exagerado y voluptuoso Vladar cabalga sobre la obra a través de oleadas sonoras que transmiten la verdadera personalidad apasionada de la sonata. Otro de los elementos fundamentales fue el mantenimiento de la tensión sobre la que el autor vierte todo el contenido temático. El sereno coral con variaciones desemboca en el presto donde el pianista hace converger el resultado de su propuesta basada en sus robustos argumentos técnicos. Los Estudios sinfónicos de Schumann son el cénit de la escritura pianística romántica. La versión de Vladar explica en un instante a grandeza del universo creativo y patológico de Schumann a la vez que justifican el dolor de su locura, constituyéndola como verdadero germen de su genialidad. Arpegios ligados con igualdad cristalina, profusión de contrastes integradores de las tendencias impetuosas y oníricas basados en unidad de concepto fueron llevadas a las alturas con absoluto control de la materia sonora. Los bravos hicieron al pianista ofrecer una emotiva versión de uno de los impromptus de Schubert y la excelente Paráfrasis sobre Rigoletto de Liszt, con la que Vladar abandonó el auditorio, dejando la impresión de encontrarnos ante uno de los grandes pianistas del continente. Música. | |
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| STEFAN VLADAR | |
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Al mismo tiempo que surgen
cada vez más pianistas con una mecánica perfecta, crece la sensación de cierta
homogeneidad interpretativa. Stefan Vladar es todo lo contrario a esto, un
artista de temperamento, capaz de insuflar a sus interpretaciones un marcado
carácter. En este recital demostró saber ahondar en la esencia de las
partituras, fundamentalmente en las obras de Beethoven y Schumann.
Comenzó el concierto con el Andante con variaciones de Haydn tocado con un extremo grado de sensibilidad. Sonidos que tornaron en el piano de Vladar la inicial frágil belleza en una expresión cada vez más redonda. Su interpretación de la Sonata Nº23 Appassionata fue una cruda visión del alma atormentada de Beethoven. Atacada desde el comienzo con una impresionante desnudez. Sonidos extremos, marcados por el registro grave, con un staccato seco, acordes plenos de energía y arpegios de radical efecto. Comenzó con una exposición de los temas convulsa, con una agitación que fue creciendo hasta el final. En el Andante con moto dio tiempo a los sonidos más cantabiles; una ligera pausa en el torrente dramático, que prosiguió in crecendo tras el acorde arpegiado que abre la puerta al tercer movimiento. Acordes tocados con el peso de todo el cuerpo, dramatismo extremo que parecía no tener fin. Un Beethoven que pudo parecer en algunos casos demasiado desnudo, incluso excesivo, pero que resultó de una expresión apabullante. Después llegaron los Estudios sinfónicos de Schumann. Tras la reflexiva exposición del tema, Vladar creó ambientes llenos de contrastes, que hicieron buena la afirmación del compositor: "si el público no desea ser sorprendido continuamente no podrá disfrutar de mi música". Recursos técnicos puestos al servicio de la expresión. El Schumann de Vladar a diferencia de su Beethoven no es agónico y sus contrastes están tamizados por una luminosidad viva. El pianista se recreó con toda su fuerza en el registro central, para extraerle toda su expresión, así como en las cascadas de sonidos, en la mirada atrás al barroco, en el lirismo de la última variación, en la que cobró vital importancia las pausas, el silencio... Versiones llenas de efusión en las manos del vienés Vladar, un artista espléndido, que ofreció fuera de programa un Impromptu de Schubert y la Paráfrasis sobre Rigoletto de Liszt. | |
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